11.4.05

disculpas en forma de dibujo



Últimamente estamos un poco liadillos y apenas tenemos tiempo de encender la luz como dios manda. Como sé que seguís entrando ahí va un dibujito que hice ayer, para que sirva de disculpa Está hecho con bolígrafo y retocadillo con mis escasos conocimientos de Photoshop. Haced clic sobre la imagen si queréis verla más grande.

P.D.: ¡Habrá nuevo artículo pronto!

6.4.05

tebelogs

Ahora puedes estar al tanto de todas las actualizaciones de los blogs relacionados con el mundo del cómic en http://tebelogs.dreamers.com/. Pásate por allí y échale un vistazo, que merece la pena.

5.4.05

la palabra dibujada

No se trata de algo que me haya inventado yo. Will Eisner ya lo menciona en las primeras páginas de “El Cómic y el Arte Secuencial” y nos lo recuerda en “La Narración Gráfica”:

La forma en la que se presenta el texto en un cómic influye en cómo el mensaje es recibido por el lector.

Lo que se da en llamar “rotulado” es en el cómic un elemento gráfico más, que “funciona como extensión de la imagen”. No digo nada nuevo si os cuento que en un buen cómic el texto y la imagen deben convivir tranquilamente en lugar de estar peleándose por el protagonismo. En el libro de Eisner también se dice que “el rotulado refleja la naturaleza y emoción del que habla (y) suele ser tan sintomático de la personalidad del propio dibujante como del personaje que habla”.

Pues estas cositas, que parecen tan simples y con las que toda persona con criterio debería estar de acuerdo, no terminan de cuajar, no sé bien por qué, tanto en el gremio de los dibujantes como en el de los editores. Para que veáis a qué me refiero me gustaría que comparáseis la tipografía que usa Lewis Trondheim en sus originales en francés y la que se le pone aquí en España a la serie Lapinot (no he encontrado por la red imágenes de la traducción española, pero si la habéis leído sabréis a qué me refiero, el original utiliza un estilo de letra que parece estar dibujado igual que los personajes, mientras que en español el tipo es muchísimo más sobrio y estático). No me imagino qué pasaba por la cabeza del rotulista español para hacerle creer que los textos que él ponía eran mejores que los que estaba sustituyendo. O mejor dicho, sí que me lo imagino. Habrá visto los originales y habrá pensado: “Vaya mierda. Mira cómo están estas letras, todas torcidas. ¿Qué clase de inútil lo habrá escrito? Estos franceses… menos mal que estoy yo aquí para arreglar este estropicio.” Y lo mismo habrá dicho el editor, que con su gran sabiduría habrá elogiado las "mejoras" del rotulista.

¿Acaso un editor puede eliminar por el morro una viñeta de un cómic?¿O cambiarle la cara a un personaje?¿Puede decidir un editor español que Corto Maltés debe sustituir su gorra por un cucurucho? La respuesta es NO. Pero resulta que lo que sí que puede hacer es cambiarle “la voz” a todo el mundo y convertirla en un murmullo monocorde. ¿Permitiríamos que en una película Verónica Forqué sustituyese el sonido que brota de la boca de Robert de Niro? Es impensable, pero eso es lo que se hace con los cómics que publican según qué editoriales en este país.

En “Los lenguajes del cómic” de Daniele Barbieri se muestra un ejemplo de los diferentes insultos tipográficos que ha sufrido el “Mort Cinder” de Breccia. Podemos ver cómo cada editor ve en esa intervención una posibilidad de desarrollar su propia creatividad, permitiéndose unos juicios estéticos (¿o anti-estéticos?) que desde luego no deberían concedérsele.

Pero no toda la reprimenda se dirige a los editores y rotulistas. Muchos son los autores que también comparten ese descuido por la palabra en el cómic. Muchos dibujantes gastan horas en terminar las páginas y apenas se ocupan de cómo se integrarán los textos en esa imagen, como si no se tratase de su trabajo. Recuerdo por ejemplo las páginas de Carlos Nine, dibujante excelente, tratadas con un grafismo impetuoso y una textura durísima. Encima de esa tremenda trama orgánica aparece con un protagonismo enormemente inadecuado un cuadro de texto del todo blanco, de bordes cortantes, sobre el que se lee un texto de letra menuda escrita con tipografía ordenada. Del mismo modo que (saliéndonos un poco del tema) interfieren en la lectura los bordes durísimos de las viñetas, que nada tienen que ver con lo que vemos dentro de ellas. Los textos ESTÁN en la página, y muchos dibujantes parecen querer olvidarlo. Miguelanxo Prado ha demostrado una preocupación por este problema, optando por una solución que consigue incorporar la palabra como un elemento más de la imagen. Dave McKean o Ashley Wood son otro ejemplo de voluntad de integración, aunque no siempre logren sus objetivos.

A pesar de que el cómic es un medio en el que principalmente “se dibuja”, muchos profesionales consideran que hay elementos que quedan fuera de esta necesidad. Recuerdo los cómics que leía cuando era un crío. Muchos habían optado por incorporar un estilo de tipografía completamente devastadora que tenía el aspecto de los tipos de una máquina de escribir. Jamás pude soportar la tremenda contradicción que suponían las redondeces de Obelix y la rigidez de su “voz”. Un efecto parecido podemos ver en la actualidad con las tipografías infográficas que no siempre se emplean con buen criterio. El dibujo de la mano humana reacciona extrañamente ante las líneas de la máquina.

Es verdad que hay muchos ejemplos de tipografía bien empleada: la edición española de “Mis circunstancias” de Lewis Trondheim, publicada por Astiberri, que respeta fielmente el original; las obras de Carlos Giménez; los mencionados Prado y McKean…por decir algunos ejemplos, pero aún así creo que queda mucho por hacer.

El cómic quiere ser el punto de encuentro entre la palabra y la imagen. Así se lo define en cientos de sitios y esa parece ser parte de su personalidad como medio (si bien es cierto que se puede prescindir de la palabra, no es menos cierto que casi siempre la incorpora). Pero los esfuerzos para mejorar esa conjunción suelen ser insuficientes y es el campo del diseño donde más se investiga sobre este tema (y con ello, donde se consiguen mejores resultados).

Tengo la intención de abundar en este tema en futuros posts, pero creo que por ahora es suficiente. Ahora es vuestro turno de ampliar y corregir mis divagaciones. Realmente creo que este tema puede dar lugar no solo a un extenso debate, sino que puede inspirar a los creadores a reflexionar sobre los resortes de su oficio.

Si eres dibujante de cómic coméntanos qué papel desempeñan las palabras en tu obra (o incluso mándanos una muestra que lo ejemplifique), si eres editor, respeta el concepto original del autor también en el texto, y si no eres ni una cosa ni otra, pues simplemente expresa tu opinión.

2.4.05

estereotipos




haz clic en las imágenes para verlas más grandes


Siempre me ha hecho gracia el intento superficial de lavado de imagen de las editoriales más competitivas del cómic, que con la intención de ampliar mercado se sacan personajes de la manga ridículamente estereotipados diciendo que hay un hueco en sus editoriales para las minorías. Un español es un torero, si es asiático sabe arte marciales, un negro pertenece a una tribu, se viste con pieles o hace magia vudú, un alemán es un nazi en potencia… Esta falta de información o de interés crea personajes que desde mi punto de vista llegan a ser un poco insultantes. Estos estereotipos están deformados y consiguen el efecto contrario al deseado: insultar al público que pretenden captar.

1.4.05

Telefónica odia La Cárcel de Papel

Parece que hay dificultades para entrar en La Cárcel de Papel a través de Telefónica. Si tienes ese problema, tal vez te interese leer el post que se ha colgado allí esta mañana:


Me odia telefónica

Por alguna extraña razón, Telefónica impide entrar en La Cárcel de Papel. Es decir, que si tienes un ADSL de esta empresa, olvídate de momento de entrar en esta página. Supongo que la cosa se arreglará en unos días y dependerá de las extrañas configuraciones de este proveedor, pero el caso es que prácticamente la mitad de los que entran en esta página ya no lo pueden hacer.No puedo hacer nada de momento, salvo copiar los post que vaya poniendo en el foro de
La Cárcel de Papel, que sí que es accesible.Si alguien tiene algún conocido en Telefónica...¡que haga algo!Espero que la normalidad vuelva en breve aunque, afortunadamente, tenéis un montón de excelentes páginas donde estar al día de todo lo que pasa en esto de los tebeos.Si tenéis un weblog o página web y puedes leer este post, plis, ¡pásalo!

Bueno, esperemos que puedan solucionar rápidamente este contratiempo.

30.3.05

el pasado prohibido

Hace una semana compré el último ejemplar que quedaba en la librería de Siempre la misma historia (Juan Berrio. ASTIBERRI). El último. Sólo por comprobarlo recorrí todas las estanterías. Tal vez quedase algún otro escondido, usurpando un espacio impropio, desbaratando el esmerado orden establecido por la encargada. Pero efectivamente, el que yo tenía en las manos era el último. Pagué y me marché satisfecho de haber llegado a tiempo.

Así de reducido es el campo de difusión . Se saca una tirada, se agota (o no) y se acabó. Fin de la historia. Con el último ejemplar vendido se cierra casi totalmente el círculo de personas que podrán leerlo.

Ayer leí una cosa que me hizo seguir pensando en el mismo tema. Hojeando el tomo #6/7 de Nosotros Somos Los Muertos encontré un artículo en el que se hablaba de un volumen que pretendían haber hecho pero que nunca hicieron acerca del terrorismo. En él se cita “el magnífico precedente del extra sobre EL GOLPE que El Víbora sacó a la calle sólo un mes después del intento de golpe de estado de 1981”. Cuando salió ese número yo aún llevaba pañales, no sabía hablar y mucho menos leer. No tengo ni la más remota idea de si ese cómic realmente merecía la pena, y creo que no podré descubrirlo.

Otro ejemplo. Mirando los pies de foto en “Los lenguajes del cómic” de Daniele Barbieri, estos son algunos de los títulos que me encuentro:

“Ada en la jungla” de Altan.
“Sinfonía de Bombay” de Igort.”El coleccionista” de Sergio Toppi.
“La casa de los fantasmas” de Magnus.
“Viajando en Buick” de Loustal/Paringaux.
“Rey Peste” de Dino Battaglia.

¿Qué es esto? ¿De dónde han salido esos nombres? Deben de ser obras de relativa importancia si tenemos en cuenta que son tomadas como ejemplo en un estudio como éste. Son sólo algunos ejemplos. El libro está lleno de citas y referencias a cientos de obras más (algunas mucho más accesibles como “Spirit” de Eisner o “Flash Gordon” de Raymond). Pero la pregunta que se me plantea es: ¿cómo puedo tener acceso yo, que no soy multimillonario y no llevo 40 años coleccionando cómics, a toda esa “historia del cómic”? Estos títulos pertenecen a ese "pasado prohibido" del cómic, a cuyo conocimiento sólo podemos acceder mediante breves (y no tan breves) comentarios en libros como el de Barbieri.

Para seguir con los ejemplos. Supongamos que soy un estudiante de literatura. En mis libros de texto aparecen los nombres de unos señores y los títulos de los libros que escribieron. Voy a la librería y los compro (y por supuesto, me los leo). Entonces cobra sentido mi libro de texto, porque por fin entiendo de qué me están hablando. Puedo ir tranquilamente a una librería o una biblioteca y tener acceso a “las obras cumbre”, por así decirlo. Lo mismo pasa con el cine. No me hace falta tener 50 años para saber qué película es “Ocho y medio” o conocer la figura de Fellini. Puedo ir a mi videoclub y alquilarla. O lo que es aún mejor, puede que me encuentre con que algún día la echen por televisión (eso sí, a las 3 de la madrugada).

¿Cuál es el destino del aficionado a la historieta? Pues seguramente restringirse a las obras de sus coetáneos y a la revisión eterna de “Tintín” y “Ásterix”, leer los libros de historia del cómic sin poder crearse su propia opinión acerca de los títulos que se mencionan, y contemplar cómo innumerables volúmenes se pierden completamente olvidados.

Entiendo que es imposible mantener en continua reedición todas las cosas que salen de las imprentas, y no es eso lo que pretendo insinuar. Pero lo que se puede ver actualmente en los estantes de las librerías demuestra que hay que plantearse un cambio de actitud con respecto a este problema. El cómic se ha ganado a pulso el derecho a perdurar, pero carece de las estructuras necesarias para hacerlo. O mejor dicho, las estructuras se niegan a satisfacer esas necesidades. Al visitar la biblioteca pública más cercana, puedo encontrar cientos de números de revistas como “Semana” o “Motor 16” mientras que la indispensable “Nosotros Somos Los Muertos” de Inrevés queda completamente ignorada. Este tipo de instituciones están más interesadas en adquirir otra clase de material, y sería difícil cambiar esta dinámica si no se produce una aceptación total y popular del cómic como medio a tomar en cuenta (cosa que aún no ha ocurrido). Es cierto que la Biblioteca Nacional de España cumple la función de recopilación y conservación, pero el acceso a estos fondos es dificultoso para la mayoría. Es una falta al deber de las bibliotecas municipales el menospreciar este campo editorial, relegándolo al de la didáctica o del entretenimiento infantil.

Si el cómic va conquistando su espacio dentro de la cultura, hay que hacer lo posible por afianzar estas conquistas. Una de las formas para ello es la de garantizar su espacio en las bibliotecas , para que el acceso al mundo del cómic sea menos clandestino de lo que estamos acostumbrados.

Estoy convencido de que hay muchas cosas que decir con respecto a este tema, y que hay mil maneras de exponerlas mejor que como yo lo he hecho. Este texto pretende solo plantear un tema que creo que puede dar lugar a un buen debate, así que si tienes algo que decir, no dudes en compartirlo con la luz encendida.

26.3.05

JUEGO DE MANOS, Jason Lutes



Me gustaría empezar mi andadura en este blog recomendando un comic a modo de carta de presentación. Se trata de “Juego de manos”, una novela gráfica de Jason Lutes. En el momento en que abrí el primer tomo de los tres que forman la obra (según la edición de Brut Comix ) automáticamente me acordé de la pequeña referencia que de él se hacía en el imprescindible libro de Scott mc Cloud “Cómo se hace un cómic: el arte invisible”. En aquella reseña me pareció advertir lo que posteriormente confirmé con su lectura. “Juego de manos” resuelve con buen criterio una historia de personajes que han tocado fondo gracias a una naración gráfica impecable cargada de simbolismos.

Escribir este artículo para la luz encendida fue una gran oportunidad para releer esta obra de Lutes y reencontrarme con una historia de vidas amputadas, de personas que se enfrentan a su existencia sin sus seres queridos, sin sus hermanos, sin sus esposas, sin sus amigos.

Una historia de personajes que buscan completarse mutuamente con la esperanza de encontrar una bifurcación en el camino que les lleve a un mundo distinto, todo ello rodeado de una atmósfera similar al ritmo que tenemos antes del café, cuando el sol despunta por la ventana y te despiertas con una brisa o un susurro. Y es que parece que siempre está amaneciendo por encima de las cabezas de los personajes de esta obra. Desde luego no se podrían medir con otro cronómetro las vidas de un timador de poca monta, un anciano, o un mago alcohólico y vagabundo, personajes que se encuentran atrapados en un mundo real que deja a las ilusiones y a los pases de magia como una broma pesada y de mal gusto. La historia que Lutes nos muestra es un intermedio entre los terribles acontecimientos anteriores, que quedan fuera de la narración, y el futuro incierto que les espera al final del álbum.

Recomiendo la lectura de este cómic, que demuestra que no existe un juego de manos capaz de restaurar el vacío que dejan las pérdidas afectivas, pese a que los personajes se remienden recíprocamente las costuras rotas.

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